¡Oh pueblo! No os privéis de la gracia de Dios y de Su misericordia. Quien se prive de ellas incurre en grave pérdida ¡Cómo, oh pueblo! ¿Adoráis el polvo y os alejáis de vuestro Señor, el Bondadoso, el Todo generoso? Temed a Dios y no seáis de los que perecen. Di: El Libro de Dios ha sido enviado en la forma de este Joven. Por tanto, ¡santificado sea Dios, el más excelente de los hacedores! Prestad atención, oh pueblos del mundo, no sea que huyáis de Su faz. Es más, apresuraos en alcanzar Su presencia y sed de aquellos que han vuelto a Él. Orad para que seáis perdonados, oh pueblo, por no haber cumplido vuestro deber para con Dios y por haber transgredido Su Causa, y no seáis de los necios. Él es Quien os ha creado; Él es Quien ha alimentado vuestras almas mediante Su Causa y os ha permitido reconocer a Aquel que es el Todopoderoso, el Más Exaltado, el Omnisciente. Él es Quien ha descubierto a vuestros ojos los tesoros de Su conocimiento y os ha hecho ascender al cielo de la certeza de Su irresistible, Su irrefutable y muy exaltada Fe. Cuidado, no os privéis de la gracia de Dios, y no hagáis que vuestras obras resulten vanas; y no os neguéis a reconocer la verdad de esta muy manifiesta, majestuosa, resplandeciente y gloriosa Revelación. Juzgad imparcialmente la Causa de Dios, vuestro Creador; ved lo que ha sido enviado desde el Trono de lo alto y meditad sobre ello con corazones inocentes y santificados. Entonces la verdad de esta Causa se os hará tan evidente como el sol en su gloria meridiana. Entonces seréis de aquellos que han creído en Él.
BAHÁ’U’LLÁH